永遠

Jamás te desvanezcas

詩 · poesía eterna

Jamás te desvanezcas de ti misma; eres el arquetipo que en secreto venero, la cima inalcanzable hacia donde dirijo mi mirada, el espejo donde se refleja todo aquello que aspiro a ser.

silueta contemplativa
silueta principal
silueta pensativa

En la penumbra de los recuerdos, te alzas como una figura tejida de niebla y lucero, un rostro en el agua que se desdibuja justo cuando el dedo intenta rozarlo. Tu imán no se posó en mi pecho, sino que lo atravesó, dejando una hendidura por donde se coló la luz. ¿La razón? Ni yo mismo logro descifrarla. Quizás porque encarnabas el polo opuesto de mi existencia: la claridad frente a mi abismo, la melodía frente a mi mutismo.

Mis palabras, siempre mudas, se quedaban prisioneras tras la muralla de mis labios. Los espectros de mi interior, esos que habitan en las criptas más hondas del alma, reían a carcajadas. "No eres suficiente", coreaban su letanía. Y yo, cobarde domesticado, les creía.

silueta lateral izquierda

El tiempo, ese tejedor de días que también deshace nudos, se hizo mi confidente. Prometió enseñarme a soltar con sus manos invisibles. Pero, ¿cómo se olvida a quien nunca se tuvo? Prefiero mantener la cordura a raya y lidiar con las pesadillas que susurran tu nombre, antes que soñar con una perfección que sé imposible, porque esa quimera solo habita en la nebulosa de lo irreal.

Dicen que el amor verdadero consiste en dejar ir. Y aquí estoy, soltando lo que nunca fue mío, aunque tu figura aún danza en el vals oculto de mis pensamientos, en un abrazo que solo existe en el silencio de mi pecho.

silueta lateral derecha

Jamás tuve la dicha de cruzar palabra contigo, ni el azar de compartir un instante, ni la gracia de poseer nada de ti. Y sin embargo, la huella que has grabado en mí es más profunda que cualquier herida tangible y perdurará más allá de los ecos. Este largo letargo no ha sido sino un peregrinaje para desprenderme de cada voz, de cada matiz de tu hermosa cadencia, que aún anhelo escuchar en el umbral de lo eterno.

Como le confesé a un alma sabia, siendo tú la criatura más hermosa que mis ojos han retenido, comprendí que ni siquiera tu aceptación sería mi redención; al contrario, sería mi condena, pues mi propio ser, avezado en la sombra, sabotea cualquier atisbo de claridad. Me sentiría indigno de pisar tu mismo suelo. Por eso he pensado en desvanecerme ahora, para renacer con otra piel, con el coraje suficiente para decirte lo que solo me atrevo a murmurar en el país de los sueños.

Durante tanto tiempo busqué un norte, y lo hallé en el apego a tu recuerdo. Fue un pasado dorado, un lienzo donde tú eras el pigmento principal: tu sonrisa, un faro en la tormenta; tu voz, una melodía que se negaba a extinguirse; tus trazos y ademanes, los hilos con los que bordaste mi prisión más dulce.

Mas ese hechizo, esa cuerda tensa que me unía a tu nombre, se ha ido destejiendo lentamente, hilvanado por el hilo implacable de los días. Hoy solo queda el rumor de su eco, un paisaje neblinoso donde ya no distingo el rostro del verdugo ni la razón de su dominio.

silueta final izquierda
silueta final centro
silueta final derecha

Fallé al intentar desmenuzar el milagro, al poner reglas y medidas al embrujo. Fue un sacrilegio que no debí cometer. Y aunque sé, con certeza de acero, que jamás podré cruzar el umbral de esa habitación donde existes —pues ese espacio no pertenece a este mundo—, no por ello cejaré en mi empeño. Seguiré escudriñando el horizonte y palpando las aristas del viento, no con la esperanza de encontrarte, sino para justificar, latido a latido, que una vez, en algún pliegue del tiempo, exististe para mí.